Geologia
Las rocas de Mallorca son, por encima de los 1.000 m., de naturaleza calcárea, y en altitudes inferiores una parte importante son de carácter dolomítico. Ambas rocas, de origen sedimentario, son porosas. La caliza, además, se disuelve por la acción de la lluvia y de los torrentes. Por ello, una de las características del paisaje de la sierra mallorquina es la presencia de zonas de relieve cárstico, con elementos en forma de aguja, causadas por la erosión, y por las que es muy difícil caminar.
Si en las sierras predominan los materiales del Jurásico inferior y del Triásico, en el llano lo hacen los del Mioceno y, sobre todo, del Cuaternario. Destacan las arcillas rojas con cantos de la sierra, las arenas consolidadas (denominadas ‘marès’ y utilizadas en la construcción), los limos en las depresiones de las cuencas y las arenas más o menos móviles (como las dunas).
Hidrología
No hay ríos en Mallorca, pero sí muchos torrentes que atraviesan la isla en distintas direcciones. Llevan agua sólo durante la temporada de lluvias, de otoño a primavera; y se dan ocasionales riadas, causadas por episodios de lluvias torrenciales, que pueden ser muy violentas sobre todo en otoño. Los manantiales y fuentes son muy escasos en la isla, ya que la naturaleza calcárea de gran parte de ella, sin capas arcillosas impermeables, hace que el agua se filtre subterráneamente y llegue al mar sin aparecer en el exterior.
En las últimas décadas, la intensificación de algunos usos (agricultura, turismo) ha llevado a la sobreexplotación de los ya limitados acuíferos y cursos de agua, sobre todo en el llano. Esto ha ocasionado un impacto evidente entre los hábitats ligados a este recurso, como las zonas húmedas, marismas costeras, estanques temporales, etc.
Hay nueve cuencas hidrográficas en Mallorca, siendo las de Alcudia, Campos y Palma la mayores. Éstas forman en sus desembocaduras zonas de marisma mejor o peor conservadas: el Salobrar de Campos, la Albufera de Alcudia (alimentada por el mayor curso de agua de Mallorca, el torrente de Muro o de San Miguel) y el Prat de Sant Jordi (reducido de 1.500 a 5 hectáreas en el último siglo).
En la década de los 70, se construyeron dos embalses en la Sierra de Tramuntana, para abastecer a la población con agua potable: el embalse de Cúber y el del Gorg Blau.