Introducción
Mallorca es una isla muy atractiva para los naturalistas por su diversidad en hábitats y especies típicamente mediterráneas. A pesar del desarrollo urbano y turístico, grandes áreas naturales ofrecen al visitante la posibilidad de disfrutar de entornos vírgenes y de especies raras. Es bien conocido que la diversidad biológica en las islas es siempre menor que la que se encuentra en las áreas continentales cercanas. La conservación de la biodiversidad en las islas no tiene tanto la función de preservar áreas de elevada biodiversidad como de preservar elementos únicos que éstas albergan.
El aislamiento que sufren las especies que evolucionan en territorios limitados ocasiona la formación de especies y subespecies únicas, endémicas de dicho territorio. El caso de las islas es uno de los ejemplos paradigmáticos de la generación de endemismos. Mallorca no se queda atrás y, para especies con movilidad limitada sobre el mar (plantas, anfibios y reptiles terrestres, y muchos invertebrados y murciélagos), el porcentaje de taxones endémicos es significativo. Entre los ambientes más ricos en endemismos en Mallorca se encuentran los islotes, las cuevas y simas, el litoral y las montañas.
Sin embargo, la llegada del hombre a Mallorca, hace unos 5.000 años, produjo un impacto importante y fue la causa de la extinción de los un gran número de animales y plantas endémicos, sobre todo por la introducción de especies depredadoras contra las que los animales locales no estaban preparados, y en densidades que algunas plantas no pudieron soportar. Perros, gatos y cabras asilvestrados o serpientes, acabaron, por ejemplo, con la lagartija balear en la isla de Mallorca (actualmente sobrevive en los islotes que la rodean), casi extinguen al sapillo balear, que desapareció de Menorca y de gran parte de Mallorca; y las cabras, por su lado, han dejado en peligro de extinción a un buen número de plantas. Los problemas siguieron incrementándose, sobre todo con la intensificación de la actividad turística, urbanística y agrícola a partir de mediados del siglo pasado.
Afortunadamente, las políticas de protección de la naturaleza que se aplican con especial intensidad desde hace varias décadas, han permitido que Mallorca cuente programas de conservación, algunos con resultados muy positivos (como el del buitre negro o el del sapillo balear). Esto permite que podamos seguir disfrutando de un entorno natural privilegiado en la isla de Mallorca.